Editorial

La liberación del antiguo territorio de los incas, no fue obra de los peruanos; un ejército latinoamericano, comandado por los generales argentino, José de San Martín y venezolano, Simón Bolívar, rompieron las cadenas del yugo español. Entonces la Republica, entendida como el sistema político que defiende la libertad y se fundamenta en el derecho y la ley,  en contraposición con la monarquía, la aristocracia, el despotismo y la oligarquía, no fue lograda por los peruanos, en sentido estricto.
Cincuenta años antes, el movimiento libertario peruano mestizo e indio, encabezado por Túpac Amaru II, había sido derrotado sangrientamente por el virrey Agustín de Jáuregui; posteriormente,  el virrey Fernando de Abascal, impone con mano dura las reglas del dominio colonial  en territorio peruano y latinoamericano.
El movimiento liberal de autonomía e independencia americana, sale macerada del recinto de las Cortes de Cádiz de España (1812), primero como acto solidario con el rey español Fernando VII frente a la invasión de Napoleón Bonaparte, para colocar en el trono español a su hermano José Bonaparte, que merece el repudio general en España y América.
                Sin embargo, el concepto de patria, nación y república no es plenamente entendido y asimilado por muchos líderes latinoamericanos y en el caso de los peruanos, cruzan de un lado a otro, por el puente de la indefinición y la ambigüedad; adoptan indistintamente las ideas liberales y conservadoras. La mayoría de ellos, criollos y mestizos, pertenecen a la tienda aristocrática, oligárquica y terrateniente, se encuentran atrapados en la duda de ser monarquistas, separatistas y viceversa. Es el caso de los líderes peruanos más conspicuos de entonces, José de la Riva Agüero, José Bernardo de Tagle, Hipólito Unanue, José de La Mar, Andrés de Santa Cruz, Agustín Gamarra, Toribio Rodríguez de Mendoza, Francisco Xavier de Luna de Pizarro, José Faustino Sánchez Carrión, Francisco Javier de Mariátegui, Bartolomé Herrera, Francisco Paula de Gonzales Vigil, Bernardo de Monteagudo (argentino) y demás personajes.

                No había germinado claramente en el espíritu de los líderes peruanos, el concepto de patria, nación y república, en circunstancias tan decisivas, y una de las consecuencias de las dudas y ambigüedades, es el pronto desmembramiento del territorio nacional peruano en el Alto Perú y Guayaquil por voluntad y ambición política y territorial de Simón Bolívar en colaboración de José Antonio de Sucre. Una segunda consecuencia, es que la República devino en una mala copia del virreinato colonial: germina el caudillismo y las luchas intestinas entre los caudillos. Y, cuando posteriormente, Andrés de Santa Cruz propone la Confederación Perú-Boliviana, es combatido a muerte por tales caudillos peruanos, confabulados con los chilenos: Agustín Gamarra, Luis J. de Orbegoso, Juan c. Torrico, Felipe S. Salaverry, Manuel I. de Vivanco, Ramón Castilla y demás.
En el caso de la desmembración territorial peruana de 1879, no fue en estricto sentido de la palabra, obra de los chilenos, sino de los líderes peruanos que, por intereses políticos mezquinos debilitaron y atentaron contra la unidad y defensa nacional peruana. Son los casos de Mariano Ignacio Prado, Nicolás de Piérola, Miguel Iglesias, Lizardo Montero Flores, y demás caudillos peruanos. La tercera generación de caudillos, institucionalizaron gobiernos autoritarios, dictatoriales y corruptos, cuya torpeza y prepotencia ha producido atraso, miseria y demás males que agobia al pueblo peruano.
Somos entonces, una nación y sociedad inacabada y, en palabras de los historiadores: un país de las oportunidades perdidas: riqueza del guano, caucho, petróleo, minerales y demás.
¿Cabe entonces el momento de refundar la República, con nuevos y añejos valores y conceptos? Tales cambios y transformaciones profundos que, hagan posible los principios y valores de: Libertad, justicia, bien común, solidaridad, derechos humanos universales en un mundo saludable y de paz.
Yliam Tinoco Altez