domingo, 13 de julio de 2014

ACOBAMBINOS EN LA GUERRA DEL PACIFICO

Por: Rolando Ortega Peréz
La guerra con Chile fue la etapa más negra de nuestra historia, pero de las nubes más negras fluyen las lluvias más cristalinas. La parte diáfana de este periodo lo pusieron nuestros patriotas andinos organizados en milicias o montoneras.

El presente relato “ACOBAMBINOS  EN LA GUERRA DEL PACÍFICO”, es un homenaje a los acobambinos que lucharon en la guerra con Chile defendiendo una patria que siempre les trató mal, es recordar a los héroes que murieron por las balas enemigas, por la traición de las clases dominantes peruanas,  por el hambre provocado por un  gobierno cleptocrático-discriminador y el olvido por las futuras generaciones.
Los chilenos llegaron a Acobamba en el mes de setiembre de 1883, avanzaron  por Ccellccaya bajando por el ancho camino, quemando las casas cuyos techos eran de ichu, venían un total de 1500 chilenos dirigido por el coronel Martiniano Urriola, traían seis cañones y caballería.
Nieto del Sargento Ignacio Ortega
(Benjamin Ortega y Esposa Maria Vicuña e hijos)


Un puñado de valerosos  patriotas, alentados por un tambor y una cornetilla, dirigidos por Ignacio Ortega, sargento del ejército peruano, sobreviviente de las desafortunadas campañas del sur, enfrentaron a los chilenos en Cóndor Era, ubicado en el actual barrio Número Ocho, el enfrentamiento fue rápido debido a la superioridad chilena, nuestros valerosos defensores de Acobamba tuvieron que huir obligados por la caída de ocho guerreros. Los sobrevivientes se retiraron por Pillcosay y Común Era hacia las quebradas de Chupa, en donde escondieron sus pocas  armas y pertrechos  y luego se ingeniaron para infiltrarse  en el ejército chileno que había acampado en la Iglesia de Santos.
Con el propósito de averiguar los planes del enemigo, la cantidad de pertrechos y soldados que tenían, estos valientes acobambinos se ofrecieron servir de rancheros a los chilenos, esta actividad lo hicieron por seis días, al término de los cuales y habiendo cumplido su objetivo huyeron para reagruparse y mantener la defensa.
Al transcurrir siete  días los chilenos partieron rumbo a Huanta  y nuestros valientes acobambinos los persiguieron, hostigándoles en Común Era, Antacancha, Omaconga y en Marcas, con ataques repentinos y usando la estrategia de milicias. La expedición chilena de Urriola llegó al puente Huarpa el 26  de septiembre de 1883 enfrentando la feroz resistencia de los huantinos.

Cuando estos valientes guerreros regresaron a la amada patria chica,  cansados, sedientos y casi descalzos, las “personas distinguidas” de Acobamba, es decir hacendados y latifundistas, les recibieron con enorme ingratitud y deslealtad, no les brindaron ni un vaso de agua, y es más querían ajusticiarlos acusándolos de haber colaborado con los chilenos.

Pero ellos no se amilanaron y después de unos días de descanso partieron para unirse al ejército de Andrés Avelino Cáceres.
Y  ¿qué ganaron al final de la guerra estos patriotas? Solamente olvido e ingratitud, tuvieron que volver a su pobreza cotidiana a la explotación salvaje por parte de los gamonales. Por ejemplo el sargento Ignacio Ortega, como lo contaba con tristeza su nieto Benjamín Ortega  Berrocal y como lo cuenta su bisnieto Juan Ortega Vicuña,  logró sobrevivir a toda la guerra pero regresó muy enfermo contagiado con  fiebre amarilla durante la campaña militar, murió en 1884 a falta de tratamiento y en el abandono completo. El gobierno  le visitó, a través de un funcionario,  solamente para confiscarle  su fusil, el arma que se había convertido en su “querida compañera de tantas vicisitudes y batallas”, lo único que había recibido del Estado, a la cual entregó antes de morir con lágrimas en los ojos y consumido por la fiebre.
Patria es lugar donde nacemos vivimos y nos brinda sus recursos para desarrollarnos como seres humanos, nuestra patria chica fue  es y será Acobamba. Pero  ¿qué le dio al humilde luchador acobambino de entonces? sufrimiento hambre y cruel explotación en las haciendas y fundos, terminado la guerra el valiente montonero regresó a ser explotado en las haciendas, a ser olvidado  por la cleptocracia reinante desde entonces hasta hoy.
Juan Ortega Vicuña Bisnieto
del Sargento Ignacio Ortega
Lo que recibió como premio por derramar su sangre fue la amarga traición por el caudillo Cáceres que ordenó en Huancayo el fusilamiento de los líderes campesinos como al líder huantino Tomás Laymes y otros(tal vez algunos acobambinos entre ellos). También en el colmo del antipatriotismo de los caudillos tuvo que soportar los tributos que impusieron para la reconstrucción de la república que no le pertenecía.
La participación del montonero acobambino es ejemplo del verdadero y puro patriotismo porque luchó por el Perú sin defender intereses mezquinos y sin pedir nada a cambio, pero los héroes que abundan en nuestros libros de historia y la clase dominante de entonces actuaron por defender sus intereses de clase, de manera muy interesada y no demostraron ni una pisca de patriotismo, cuando la historia les exigía ser los líderes en todo el proceso de la guerra, ellos jamás cumplieron ese rol y deber histórico que le debían al Perú por tantos años de haber disfrutado hasta la saciedad de sus recursos.
(Fuentes orales: Sr. Benjamín Ortega Berrocal, nacido el 31 de marzo de 1883, fallecido en el año 1987), nieto del sargento Ignacio Ortega. Sr: Juan Ortega Vicuña, nacido el 19 de agosto de 1942, bisnieto del sargento Ignacio Ortega.)